BR

Sábado 5 de Junio
19:00- 22:00
Puente de Alcántara- junto al rio Tajo

Este proyecto site specific explora las problemáticas
de la identidad, la manera en que nos definimos o
somos definidos, como la mirada nos coloca en un
punto u otro de la experiencia con la realidad, y
como esta es difícilmente objetivable mientras la
midamos en términos duales.
Nos tiende un puente a la posibilidad, una invitación
a cruzar la frontera.

Moreno Moya
Su trabajo se centra en el lenguaje visual y la
percepción, el color, el sonido, la forma.
En su obra busca enfrentar al espectador a una
experiencia de praxis vital.
Actualmente investiga las posibilidades estéticas y
formales del vidrio y los espejos, generando entornos
que fuerzan nuestro modo de entender la luz y el
espacio.

Bridge Mirror 3.0
“El arte de contexto ha exigido otra relación respecto de la experiencia, en contraste con la supuesta pasividad que implica la mera contemplación de la experiencia estética”.
Intervenir en este espacio ha de provocar la interacción con el espectador, y generar algún tipo de experiencia sensorial y trasfiguradora de la realidad, los materiales con los que trabajo permiten distintas posibilidades dentro de este ámbito de la experiencia, sobre todo a nivel cognitivo y visual, forzando la experiencia a ese punto de la disonancia cognitiva.
La ciudad de Toledo nos ofrece un entorno histórico-monumental, con diferentes puntos fuera de la ciudad destinados a la contemplación del paisaje, uno de ellos es el pequeño mirador situado a orillas del rio Tajo en el puente de Alcántara, que nos permite disfrutar del paso del rio, el puente , el Alcázar y la parte noreste de la ciudad con su muralla árabe.
Este proyecto pretende usar el espacio del mirador para enfrentar al espectador, el puente, la ciudad y el rio, creando un conjunto de espejos que rodeen al espectador.
La practica se centra en las implicaciones del sujeto y su integración y responsabilidad con el paisaje.
El mirador se transforma en un espacio para la reflexión, tanto de la luz como de la conciencia del individuo que de alguna manera se ve sacudida, con una experiencia de percepción alterada de la realidad.
Al trabajar con espejos el espectador va a formar parte de la obra , ya que se convierte en el observador, que se observa,
observando.
Y pasa a formar una unidad/multiplicidad con el paisaje reflejado. El juego de tres o cuatro espejos que reflejan las imágenes,
una dentro de la otra, puede referenciar a la implicación y responsabilidad que como individuo/ sociedad tenemos en la
conservación o deterioro del paisaje.
El entorno privilegiado de la ciudad de Toledo, construida sobre una gran roca y bordeada por el rio Tajo a modo de foso
natural que protege la ciudad, y solo es accesible por tierra en su parte norte, y por los puentes de San Martín y Alcántara.

De lejos permanece impasible al paso del tiempo, tan solo el lejano ruido del paso de los coches y la iluminación nocturna, nos indica que estemos viendo la ciudad e el siglo XXI, lejos de esto la experiencia de observación de la ciudad se transforma en
atemporal.Dentro de las practicas artísticas que se apropian del paisaje o el entorno rustico y natural, existe una gran tradición de pintores que han usado la ciudad de Toledo como excusa para su obra, tanto por su belleza como por sus connotaciones, respecto de la identidad del pueblo Español, sede de la Catedral Primada, residencia de estudiantes, o testigo vivo de la guerra civil, muchos artistas han visto Toledo como un espacio donde crear e inspirarse.
Ofrece las posibilidades de la ciudad pero dentro de un entorno rural, el paisaje se funde entre lo antrópico y la piedra inmutable.
Este proyecto no esta interesado en la creación de un objeto, no es esa su finalidad, sino en la posibilidad de la experiencia. Como una semilla que se siembra en el paisaje, su fruto queda grabado en el visitante de múltiples y diversas formas, generando un recuerdo ligado a un espacio, a un contexto. Intentando ofrecer una experiencia cercana a lo místico, de comunión con el entorno y de toma de conciencia de nuestro lugar e implicación en el medio, como dijo Hamish Fulton “estar en la naturaleza es una religión directa” .
“Si el arte es Experiencia, experimentarse uno mismo como sujeto, como ser, confrontándose al espacio y al tiempo, es un gesto primordial”
Podemos hablar de “un arte a cielo abierto”, no por el hecho de la obra de arte en un espacio publico y en un entorno natural, sino por el proceso de transmisión de la experiencia, no es un objeto de admiración estética, no es una obra Aurática, es una experiencia directa que nos confronta a nosotros mismos con el entorno, y que esta condicionada por el entorno, las condiciones de luz y nosotros mismos como medio decodificador de la instalación. Existe una imposición de artefacto pero no con una
finalidad autoritaria, más bien como una interface que favorece el dialogo, un display que no entrona, ni enmarca, y que busca camuflarse y no destacar.
A medio camino entre la tradición de observatorio y del arte translativo, la denuncia ecológica esta también servida, en el entorno donde hace 60 años el baño era posible y el espacio era un lugar de encuentro lúdico y social